Por David Torres
Estoy en Starbucks, que ya lo considero mi oficina.
Decido tomar el teléfono y hablar con Juan, quién me anotó los datos tímidamente en una libretita que llevé ex profeso a una junta que convocó RH.
«Juan», le pregunto «¿qué te interesó de nuestra platica?»
«David», contesta, «muchas gracias por marcarme» continúa. «Estoy muy confundido, unos dicen que vaya viendo la modalidad 40 y otros que ni le meta». «Mi compadre de a tiro, vendió una casa y se metió en esa modalidad» continúa diciéndome.
«Entiendo Juan», «es como dices: una selva de desinformación».
«¿Juan?» pregunto «¿me podrías dar tu edad?», «si», responde, «tengo 52 años».
«Juan, platícame un poco tu situación», «es decir», continúo, «quién depende de ti, si tu casa ya está pagada y más importante aún, si estás acostumbrado a vivir con el sueldo que te toca».
«Si David», contesta, «solo que saque tres veces prestado del IMSS y me dicen que eso bajará lo que me pagarán».
«Ah Juan, ya veo tu preocupación», «piensas que el IMSS te bajará aún más tu pensión». «¿Oye Juan te tengo una pregunta?» y me responde «¿dime David?» «Escucha bien: ¿Estarías dispuesto a vender tu casa, tu coche o un pulmón por pagar una estrategia con modalidad 40?».
Me responde: «la verdad no». Le contesto: «entonces eso reduce nuestras posibilidades a que te encuentres pesos más pesos menos, entre los $7,000 y los $15,000 mensuales». «Son los parámetros que voy a fijarte, ya luego ves esto con la experta Doris para que tengas un cálculo realista de esto».
«¿Te parece Juan?» pregunto. «Si» me contesta.
«¿Puedes ahorrar algo?» pregunto. «¿Para qué David?» «Para por lo menos complementar los dos o tres mil pesos que el IMSS ya no te otorgue y puedas vivir como estás acostumbrado», respondo.
Aquí, mi estrategia es lograr que Juan no vea por ahorrar para toda su pensión, porque como sea, ya cuenta con “algo”.
Además, otro de mis fines es que Juan se involucre con los datos duros y puros de su pensión del IMSS y que busque mantenerse en activo lo más posible, porque si toma su jubilación antes, aún tendrá menos.
También, que se involucre voluntariamente a generar un poco de ahorro. No le resolverá todo en la vida, pero al menos una parte sí.
Le dije: «no pierdas el sueño por pagar una estrategia», «es muy sencillo, si hay y se puede, pues que bien, pero cuando no hay, pues no hay». A Juan le pareció justo.
«Mira Juan, sé que da miedo ver las cosas de frente, pero mejor ahora, que contamos con algo de tiempo para hacer algunos ajustes», le dije.
«Yo también Juan, tengo que seguir una estrategia y estoy en el punto de ver si vendo un pulmón, la luna, o de plano me pongo a bailar con botarga del doctor SIMI». «Mi peor escenario», continúo, «es tomar esos siete mil pesos y dar las gracias», «pero no me quiero quedar ahí mi Juan»
Juan se ríe, su risa es nerviosa y me dice «me gusta tu honestidad». «A mí también me gusta que me sean honestos Juan».
Termino diciéndole a Juan: «no dejes de pedir la opinión de Doris, quién te ofreció una consulta gratis» -aunque sé por experiencia que lo “gratis” la gente no suele valorarlo-.
«Si David» me contesta, «lo haré».
Francamente, no creo que Juan quiera saber «la verdad» y seguramente, como muchas personas, va a dejar esto hasta el último momento. Al fin nuestra cultura tiene un dicho que dice «Dios proveerá». Bueno, quizás, sí, pero quizás no. Lo más seguro es que «¿Quién sabe”?
Conclusión de ya no te preocupes por la modalidad 40
Juan quiere tomar la opción de retirarse conforme a la vieja ley del IMSS y no conforme a las Afores. Tiene que hacer algunos ajustes menores y para mi gusto, familiarizarse con que puede hacer deducible de sus impuestos su ahorro. Esta devolución fiscal no le salvará de nada, pero los tres mil pesitos que reciba, serán suficientes para ir a decirle a otros miembros de su familia que su ahorrito le deja algo más.
Efectivamente, saliendo de su empresa, ya no gozará de la protección de las prestaciones que la misma le da y Juan se enfrentará a pagar por lo que quiera o de plano, hacerse su propio programa de beneficios -estoy seguro que el que le da su empresa es mucho más extenso-.
Me quedo pensando y en eso, veo a un grupo de orientales pedir su rico cafecito -esta cultura del cafecito de Starbucks nos acerca a todas las demás culturas, pienso para mis adentros-, «Juan», me digo a mí mismo, «es uno de los afortunados de tener Ley 73». «Aunque no lo crea, se está jubilando mejor que muchísimas personas alrededor del mundo mundial».
«¿Estoy loco por pensar esto?» Me pregunto. Bueno, si considero que un maestro o mucha gente en Rusia apenas alcanzan una pensión equivalente a cinco mil pesos de México a esta fecha, Juan es un verdadero afortunado de no vivir en Rusia. Aparte, México tiene «algunas» y digo «algunas» cosas que son baratas, por ejemplo, la luz.
Reflexiónalo mi querido lector. ¿Qué consejo le darías a Juan? ¿Qué consejo le darías a tu amigo que tiene 25 años y comienza a laborar?
Si llegaste hasta aquí mi querido lector, te felicito. Recuerda que, si eres ley 1997, no te tienes que preocupar de «muchas de estas modalidades» porque ya ni te tocan.
En otro escrito, pondré mis recomendaciones de cajón, a saber:
- Haz un archivo electrónico en Google o en la plataforma que te guste, ten tu estado de cuenta de tu última Afore, revisa tus semanas cotizadas, haz un estatuto de cuanto quieres tener a la edad cercana al retiro o con cuanto quieres vivir, ve y haz un juramento ante ti frente al espejo. Luego: medita, visualiza y siente la cantidad mensual. Ve a que te pongan imanes, Etc. Etc. o sea vívelo, siéntelo, imagínalo.
- Toma el teléfono y llama a un asesor, de preferencia a David o Dave, como me quieras llamar, Etc., Etc.
Deja tus respuestas en mi Blog.
