Pelitos Rimpoché: ¡un cuento motivador de autoconocimiento y desarrollo personal!

A primera vista, Pelitos Rimpoche podría parecer un mounstrito como cualquier otro ¿o no?

No te engañes porque Pelitos Rimpoche era muy especial.


No nació en las estepas del «Típbet» sino en medio de una enorme y cosmopolita urbe, llena de muchos mounstros elegantes, de tráfico, de ruido y de muchas cosas más.


Además, nació en el seno de una familia numerosa, de mounstros extremadamente gritones y alborotadores.


Todo lo que pelitos Rimpoche solía escuchar eran grandes gruñidos y RRRRROOOAAARRSSSS entre sus hermanos y sus padres.


En medio de tanto alboroto, Pelitos Rimpoche vivía en un mundo aparte. Era por demás demasiado tranquilo.


Solía sentarse a ver con sus enormes ojos, la gran escena loca que se desarrollaba todos los días en su casa. Todo le parecía inmensamente divertido.


Sus hermanos y hermanas se aventaban platos, vasos y lo que tenían a la mano. Al fin, eran simples mounstros.

Sin embargo, Pelitos Rimpoche permanecía impasible hasta que le ganaba la risa.


Los hermanos se le quedaban viendo con ojos enormes de plato. Eran color amarillo y estaban desbordantes.

Luego, sacaban sus fieros y amenazantes colmillos y todos pero todos al unísosono le gritaban a Pelitos Rimpoché un sonorísimo RRRRRRRRRROOOOOOOAAAAAAAARRRRRRRRRRRR.

En eso, Pelitos Rimpoche solo los veía y luego abría grande, pero muy grande su boca y bostezaba «AAAAAAHHHHHHH» y se echaba a dormir. Nada lo inmutaba.

No lloraba, no se asustaba y tomaba los sonoros gruñidos como si una mosca hubiese rondara por ahí.


«Pero como», se preguntaban los hermanos «¿osa este monstruete retarnos y portarse así?» En todo ese ambiente de discordia, Pelitos Rimpoche no cabía.


Sin embargo, a medida que fue ganando más añitos, cada que un hermano se acercaban a Pelitos Rimpoche, sentía calma enorme y gran serenidad. No entendían que les pasaba en presencia de su tranquilo hermano.

Sentían que Pelitos Rimpoché de alguna manera tenía «algo», porque vaya que los calmaba.

Perdían todo deseo de pelearse y reprocharse. Esto era para ellos, una forma habitual de vivir. No conocían la paz.

De hecho, cuando pelitos Rimpoché salía a la calle y si pasaba junto a dos mounstrazos que estaban discutiendo, estos sentían una presencia, un sentimiento distinto que los calmaba y los relajaba de forma indescriptible.

¿Qué tenia Pelitos Rimpoché? ¿Por qué causaba ese efecto tranquilizador? De hecho, el no tenía que hablar mucho para que la gente se sintiera cómoda y a gusto con su presencia. Además, lo rodeaba un halo de luz que muchos mounstros manifestaban ver.


Y hablando nuevamente de su familia, cada que discutían, observaban que Pelitos Rimpoché, subía a su alcoba al menos una o dos veces al día y sentaba cómodamente en una silla o se acostaba en su cama y comenzaba a relajarse.

Parecía estar dormido, profundamente dormido.


Pero no. Pelitos Rimpoché tomaba ese rato para estar con el mismo, para ir a un mundo hacia adentro, muy adentro, un mundo que a veces pocos conocen por no saber que existe.


Pelitos Rimpoché se metía adentro de él. Comenzaba por hacer respiraciones profundas, muy profundas que lo llevaran a un estado cómodo y relajado.


Ya una vez que estaba a gusto y relajado, comenzaba a visualizar imágenes de un mundo de mounstros fraternos y felices.


Se veía a él mismo conviviendo con muchas personas y haciendo cantidad de amigos, creando armonía que emanaba de su corazón y desprendiendo halos de luz dorada a todas partes.

Por otra parte, veía en este mundo, como todos eran grandes amigos y se trataban con gran respeto.

En su meditación, el se veía muy emocionado entraba en esa emoción.

Su corazón se volvía una gran luz que enviaba amor a todos los rincones del planeta.

De esta forma, Pelitos Rimpoche despertaba de su hermosa ensoñación y ponía inmediatamente en práctica todo aquello que pensaba en su visualización.

En ocasiones, se quedaba medio dormido y en sus ensoñaciones, recibía consejos de algún ser que él no sabía quién era.

Pelitos Rimpoché seguía sus corazonadas porque sabía que si las hacía, el día sería perfecto.


Confiaba en sí mismo y en sus decisiones. Somos seres sabios y Pelitos Rimpoché sabe que cada decisión que nosotros tomamos, es la mejor que podemos tomar.

Un buen día, se presentaron dos mounstros enormes ataviados con unas largas y hemosas túnicas color violeta y tenían una gran capa amarilla.


Ademas, venían de un de un país hermoso, remoto y lejano: el Tipbet.


Estos grandes mountros se veían serenos y tranquilos, además ser felices y sonrientes.


Explicaron a los padres de Pelitos Rimpoché que tenían numerosos años de andar de aquí a allá buscando al nuevo «Daplai Lapma».


Y ¿quíen era el Daplai Lapma? Nada más y nada menos que el líder espiritual de estos grandes mounstros

Dijeronque ellos eran de una filosofía muy pacifista, que venía de las enseñanzas del gran mounstro «El Bupda».

Les explicaron a los papás monstruilios que tenían mucho tiempo buscando a su líder y que una señal los hizo llegar a casa de Pelitos Rimpoché.

Y aún cuando los papás se sentían muy pero muy a gusto con su hermosísima religión, hemos de saber que todas las religiones, en tanto busquen el bien y el crecimiento de cada mounstro, persona o ser con consciencia de sí, son de enorme utilidad.

Los papás sabían que Pelitos Rimpoché era muy especial y que no les pertenecía porque era un ciudadano del mundo, es decir, Pelitos Rimpoche pertenecía a la gente por su don tan especial de pacificar.


Dejaron ir a Pelitos Rimpoche con la promesa de que ellos lo podrían visitar en el Tipbet cuantas veces quisieran. Le hicieron prometer a aquellos enormes y serenos mounstros que si Pelitos Rimpoché los extrañaba, podría ir a visitarlos.


Todos lloraban pero Pelitos Rimpoché, con su tranquilidad habitual se dirigió a ellos con su acento e idioma de mounstro: «queripdos papaps y herpmanops, sepapn quep mip pfin en epste mumpdo esp vepnir a traerp lap paz ensepñandoles a topdos lops sepres hupmanos a verp pripmero en sup inpterior y de aphi, forpmar el mumpdo expterior quep epllos depsean ver manipfestapdo».

«Soplo popdrán hapced un munpdo mepjor apfuera sip copmienpzan ap hapcer un munpdo mepjor apdentro».

«Popdrán apmar hacia apfuera si aprepden a apmarse primero ap epllos mismos»

Y se prometió a si mismo a enseñar a esos preciosos mounstros a amarse a sí mismos como es debido.

Y dicho esto, Pelitos Rimpoché besó a sus papás y hermanos y partió con mucha emoción a su nuevo hogar: alla en las hermosas montañas del Tipbet.


En ese bello lugar y por años, Pelitos Rimpoche aprendió grandes secretos que solo les son revelados a un grupo muy selecto de mounstros a quien llaman «los iniciados».

Encontró sus puntos fuertes y sus puntos débiles y a trabajar sobre sus enormes recursos como mounstro selecto.


Se hizo un gigante entre los mountros de todo el planeta y su legado aún continúa.

Fue el mejor Daplai Lapma del que se haya tenido conocimiento.

Ayudó fuertemente a que todas las religiones del mundo se unieran a una sola causa, a que los monstulillos y monstruilias fueran felices y vieran este mundo como el mejor lugar para vivir, ayudándose unos a otros.


Ahora bien, hijo mío: a manera de ejercicio, tu también piensa que estás logrando un excelente resultado en tu escuela, es decir, que sacas un diez y visualízalo con el ojo de tu mente, ponte de verdad muy pero muy feliz por lo que estás logrando, añade un poco de emoción y de elogios de la gente y de tus papás.

Pelitos Rimpoché: ¡un cuento motivador de autoconocimiento y desarrollo personal! Por David Torres


Aún cuando pienses que esto no es verdad, tú sigue con tu idea del diez sin preguntarte como lo vas a lograr. Imprímele mucha pero mucha emoción y verás cómo antes de que te des cuenta, vas a estar sacando dieces o acercándote mucho a ellos.

Y a ti amigo mío, que lees esta historia: reconoce cada uno de tus logros y emociónate porque lo mejor de tu vida, está por venir.

Cuento de David Torres.

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