La visión del asegurador se fija en realidades paralelas, por David Torres

Son las 9:15 de la mañana y he quedado en ver a mi cliente.

Se trata de una bella mujer cuya herencia, fue una bodega en donde las rentas le sirven para complementar sus entradas mensuales.

La bodega no solo es parte de su patrimonio, sino que le sirve de sustento y apoyo para seguir sacando adelante a sus hijos.

Como muchos hogares, por lo menos dos de ellos, dependen de su madre. Esto lo admiro y lo respeto. Pienso para mis adentros acerca de la bendición del amor de una madre.

Ella me lleva a una sección de las inmediaciones de la gran ciudad de México. A San Juanico para ser precisos. Me vienen los infames eventos que se suscitaron hace años con el estallido de una planta, no recuerdo si fue de gas o de qué.

Una enorme tragedia, donde hubo cantidad de muertos.

Llego a la bodega que ella alquila a su arrendatario, dedicado al negocio de venta por medio de redes de equipo electrónico.

Mi ojo “de desgracias” comienza a escrutinar el lugar. Somos recibidos por un encargado que nos invitará a recorrer el lugar.

Me indican que, por su temporada, la bodega está repleta.

No acabo de entrar y en eso ¡Zaz! Veo cajas y cajas de cartón a la entrada.

A la derecha una puerta de descarga de mercancía, que no es salida de emergencia y a la izquierda, una pequeña entrada al recinto. Se trata de una bodega con arcotecho.

Mala iluminación, me siento transportado a otro país, para ser más preciso, a uno asiático, en donde me dicen que la gente puede trabajar en condiciones infrahumanas.

Cajas de mercancías estibadas a enormes alturas, tropiezos por todos los pasillos, gente encaramada en pequeños espacios de trabajo empaquetando y, pequeños extintores propios para mujeres en determinadas áreas.

¿Será que solo yo puedo ver el enorme riesgo que tiene un lugar en donde se aglutina cartón y plástico de esta forma?

Mi cliente me platica “lo bien que les va a estos empresarios”. Yo le respondo que uno nunca sabe que pasa por la mente de dichos empresarios y que, en un mal año, les pueden pasar ideas tan malas como para incendiar sus existencias.

Esto puede incluso depender de la rotación de los inventarios, del flujo de efectivo y de un largo etcétera.

Pienso para mis adentros que, si a estos empresarios les fuese tan bien, considerarían unas instalaciones más adecuadas para almacenar todo su valioso inventario y, además, dignificar el trabajo de sus equipos humanos, mediante instalaciones apropiadas.

No es que la bodega esté mal, sino que simplemente, la están sobre utilizando.

Me comenta el encargado que la situación es pasajera, pero pienso para mis adentros: “los siniestros no tienen agenda”.

Realmente, me deja dudas. ¿Porqué nuestra cultura abraza tanto el riesgo de forma innecesaria? No se trata de si la bodega cuenta o no con seguro o si llega un individuo de mi profesión que es esa de la fatalidad, a decirles qué o qué no hacer.

Un empresario realmente abundante, entiende de que es necesario dignificar los lugares de trabajo y darle a su gente, la tranquilidad de trabajar en un área con orden y limpieza, con buena iluminación. Tan solo con dar esto, ya incentiva a la gente a ser más productiva.

Tanto mi cliente como su arrendatario cuentan con seguro. Si voy de chismoso con mi aseguradora o con la de su cliente, llevando evidencia del estado de la bodega, seguro les quitan las pólizas.

Me surgen dudas. Pero mi función es también proteger los intereses de la aseguradora, más allá de ganarme una comisión.

He oído historias terribles acerca de como en otras latitudes del mundo, la gente es tratada como ganado por los empresarios. ¡JA! Pienso: aquí tampoco estamos muy lejos de hacer lo mismo.

Durante la semana, me voy a sentar para redactar mi análisis y poner por escrito mis recomendaciones a mi cliente. Sé que ella no se puede dar el lujo de simplemente correr a su arrendatario. Necesita ese dinero.

Espero que el precio de tener a este inquilino, no le cueste la bodega y que lleguen a buenos términos. Esto es lo mejor que puedo desear para esta hermosa señora.

David Torres Agente de Seguros, seguros parar el éxito

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos